viernes, 12 de junio de 2009

Olivo











El olivo es el sauce que de llorar
se ha embrutecido, tienen sus pestañas laberintos
de pájaros que abarcan sus dominios, las literas de su frente,
las albahacas, rinden homenaje a sus pies de gigante extinto,
se abren sus ramas como constelaciones de silencio infinito;
el tronco es un pilar donde gritan los brazos durante siglos,
el suelo es un mantel de flores donde cazan los conejos sus pisadas
el olivo es un botijo, el ramón es una aguja de jade y esmeralda,
Don Quijote confundió sus vertientes con molinos,
sus bigotes con ejércitos de casas de estorninos.
El olivo es una palabra que se dice casi en grito, se redondea en la boca
cada énfasis métrico, corto, se dice O de olivo con los labios en sorpresa
y surgen las hierbas, las telas del lienzo que mastican las aceras,
el olivo es un niño que de viejo no descansa, que de llorar se ha transformado,
los ojos de Platero son sus frutos en retama,
el olivo es carcasa,
periferia de retal,
oro puro,
flurorita y mar,
trabajo duro,
poesía y poetas
de impecable sol,
Machado,
Juan Ramón,
ceniza, cárcel
de Miguel Hernández.

El olivo es el sauce que de llorar se ha embrutecido, que lágrimas ha dado a los hijos
de la guerra, de tanto llorar los ha saciado del hambre de la peseta, del látigo de la injusticia, su entrega es el vidrio de los ojos del abuelo. Tumbado en su suelo escribo,
me vierte la paz de su consuelo. Respiro, expiro, vivo, quizá por ti: O L I V O.

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